¿De dónde sale exactamente la rentabilidad?
La primera pregunta tumba la mitad de los casos. Una rentabilidad procede de un alquiler, de un interés, de un beneficio de explotación o de una plusvalía. Si la respuesta cabe en una palabra vaga —«trading», «arbitraje», «inteligencia artificial»— y sin documentos, la conversación debería acabar ahí.
¿Quién guarda el dinero y quién puede sacarlo?
Una inversión seria separa al gestor del depositario. Si la misma persona decide las operaciones y custodia los fondos, tu capital no está protegido por nada más que su buena fe.
¿Qué pasa si quiero salir mañana?
Pide por escrito las condiciones de retirada, con plazos y penalizaciones. Los montajes fraudulentos funcionan mientras poca gente sale; por eso hacen que salir sea caro, lento o esté condicionado a captar a otros.
La señal más fiable sigue siendo la captación
En cuanto una parte significativa de tu remuneración depende de las personas que haces entrar, ya no estás en una inversión sino en una pirámide. Ese único criterio, aplicado en serio, protege de la inmensa mayoría de las pérdidas que vemos en consultoría.