1. El margen después de todos los gastos
Apunta a al menos tres veces el coste puesto en destino, no tres veces el precio de compra. Por debajo de ese umbral, la primera oleada de devoluciones o de anuncios ineficaces se come todo el beneficio.
2. El peso y el volumen
Cada kilo de más es un impuesto permanente sobre tu rentabilidad. A igual margen, un producto de 200 gramos se gestiona infinitamente mejor que uno de dos kilos, sobre todo desde el Caribe.
3. La estacionalidad y la fragilidad
Un producto que se vende tres meses al año exige una tesorería que pocos principiantes tienen. Un producto frágil convierte cada envío en una apuesta. Para un primer pedido, evita ambos.
4. Lo que te hace difícil de copiar
Si tu único argumento es el precio, perderás frente al primer competidor mejor financiado. Un manual traducido, un servicio posventa ágil o un lote pensado para un uso concreto bastan a menudo para crear esa diferencia.